Este fin de semana, la tradicionalización como partido y santificación burocrática del Frente Amplio fue consolidada, bajo la zanahoria de un nuevo período de poder. El fervor oficialista de alguna prensa adulona del éxito no tuvo empacho en hacer creer en la autenticidad del pretendido Congreso, solamente electoral. Los asistentes vinieron, supuestamente, en nombre de la participación, pero trayendo la mano levantada desde su casa. Ninguno de los actos de gobierno, en todo lo que va del período, contó con la participación, el conocimiento y el control del pueblo frenteamplista, lo que constituyó una violación de todos los principios de la izquierda por parte de la cúpula gobernante y los beneficiarios. Este domingo, por encima de los ávidos del poder, sus beneficiarios y los cinco mascarones de proa productos de la cocina negociadora, debería haber flotado en el local del Congreso una nube oscura de inventario del desastre, que está a la vista y que podemos sintetizar en cuatro ejemplos para que nadie piense que el juicio, como dice el tango, es “piantado del rencor”.
→→→→SIGUE